Te invito a que juguemos un instante a estar estáticos,
a ser como la creación misma; carente de sonido y de forma,
a se todos y nada conforme transcurre, el ahora el inexistente tiempo.
Gracias por tocar en mi ventana,
por invitarle a salir del extenuante letargo,
de ver más allá de estas que dicen ser formas anacrónicas,
de no quedarse con el yo contemporáneo,
y empezar a ver el ser trascendente que en todos yace dormido.