Por que la afable luna
se esconde a cada instante
reaparece justo donde la recordaba
ese lugar desde donde la amistad jamás miraba.
Ese instante suyo que jamás cerró
y no obstante una y otra vez la puerta azotó
la tranquilidad que aquí fácil trincó
no es más que un esbozo de la felicidad que en este lugar se dejó.
Claman su nombre los lejanos sollozos
y es deber mío el confesarle y decirlo
que son tan tristes como cautelosos
vuela ahora luna, vuela como un mirlo…
La luna es la única que nos amará siempre y sin embargo jamás se acercará lo suficiente para besarnos... aún así es el amor platónico más bello y puro
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